Charla: Costumbres funerarias en el Monasterio del Santo Sepulcro y San Nicolás

Charla: Costumbres funerarias en el Monasterio del Santo Sepulcro y San Nicolás

OTOÑO 2026

Resumen de la conferencia realizada  por Manuel Gutiérrez el 29 de octubre de 2025 en la iglesia de San Nicolás con motivo del día de todos los santos y enmarcada en las actividades por el 1700 aniversario del Concilio de Nicea. El tema de la conferencia eran las costumbres y usos funerarios desde la Edad Media hasta nuestros días utilizando de ejemplo Zaragoza, la Iglesia de San Nicolás y el Monasterio del Santo Sepulcro

El enterramiento

Uno de los aspectos más importantes de cualquier rito funerario es la sepultura del difunto. Durante muchos siglos fue costumbre que los difuntos fuesen sepultados en cementerios contiguos a las iglesias o, incluso, dentro de estas. Esta práctica contrasta mucho con la actualidad donde no suelen ser posibles los enterramientos dentro de la ciudad. En la propia iglesia de San Nicolás, sabemos que reposan los restos de personas que a lo largo de los siglos quisieron enterrarse allí. Por ejemplo, las canonesas prioras hasta 1595; Pedro Cerdán, señor de Sobradiel, fallecido en 1464 o Gaspar Lax, importante profesor de la Universidad de Zaragoza, muerto en 1560. Hoy en día, ocultas por el coro nuevo de la iglesia, se encuentran las tumbas de Antonio Gavin y su esposa Valentina Jasso, quienes fundaron una capilla en honor a Santa Ana en el siglo XVIII.

Otro lugar de enterramiento posible era el interior de los conventos y monasterios. En ocasiones personas laicas podían ser inhumadas allí pero mayoritariamente se trataba de las propias religiosas o religiosos quienes reposan en los monasterios. En el caso del Monasterio del Santo Sepulcro, las zonas más habituales donde se realizaban los enterramientos eran la iglesia del Santo Sepulcro y el claustro.

Con motivo del avance en medicina y ciencias, en el siglo XVIII y XIX se prohibió el enterramiento en el interior de las ciudades por higiene, desarrollándose entonces los cementerios municipales como el de Torrero. A mediados del siglo XIX se fundo el cementerio de Terminillo, impulsado por varias parroquias de la ciudad, entre ellas la de San Nicolás. Si bien este cementerio solo permaneció operativo unos pocos años en el archivo conventual quedaron algunos recuerdos de su existencia.

Reglamento del cementerio de Terminillo

Otro aspecto fundamental al hablar de la muerte en el cristianismo es la salvación del alma. Por ello, para asegurarse esta, en época medieval y moderna era muy habitual legar en el testamento dinero o posesiones para la realización de obras pías, es decir, acciones de caridad que ayudasen a purificar el alma del difunto. Estas obras podían ser donaciones a iglesia y monasterios, mecenazgo de obras y reformas en iglesias y, lo mas habitual, celebraciones de aniversarios. Estas voluntades se sufragaban con la asignación de dinero, rentas y bienes para costearlas el mayor tiempo posible, pudiendo durar décadas o incluso siglos.

El oficio fúnebre

En España, hasta el siglo XIX, lo habitual era que el oficio de difuntos se celebrase con el cuerpo del difunto presente. Con la prohibición de realizar enterramientos en las iglesias a finales del siglo XVIII, las autoridades se dieron cuenta de la aparente contradicción de permitir realizar el funeral con el cadáver, pero no sepultarlo allí. Así, a partir de 1801, se suceden las disposiciones reales que prohíben la celebración de funerales con el cuerpo presente. Es en esta época cuando se populariza el uso de catafalcos, construcciones de madera que simulan el ataúd. Originalmente habían servido para adornar los funerales de reyes y personalidades. Los catafalcos, por lo tanto, fueron muy habituales hasta que, en la segunda mitad del siglo XX se permitió de nuevo la entrada del féretro en la iglesia. Finalmente, en España, hacia los años 70, el uso del catafalco declinó hasta desaparecer.

Catafalco funerario de los Duques de Pastrana

Las costumbres funerarias en un monasterio femenino. Las canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza.

Cuando una mujer entraba a formar parte de una comunidad religiosa, en este caso, una canonesa, su vida “material” o “terrenal” acababa. Empezaba una nueva vida que acabaría, salvo alguna excepción, con su muerte natural o por enfermedad entre las paredes del monasterio o convento en el que vivió. Para establecer de forma simbólica y jurídica esta muerte terrenal, las religiosas y religiosos debían realizar testamento como paso previo a tomar los votos solemnes. De esta forma, el clero regular no disponía de propiedades a título individual, sino que eran de la comunidad. Durante la contrarreforma se endurece el control sobre este aspecto por que no siempre se cumplía

Cuando las religiosas estaban enfermas y, por lo tanto, en peligro de muerte, las constituciones del Monasterio indicaban que debían entregar sus bienes, llaves de arcas y armarios a la priora del Monasterio quien, en caso de defunción de la enferma, se lo entregara a la religiosa que la difunta hubiera nombrado ejecutora. Se señalaba así mismo, que las religiosas podían legar objetos personales, y como se hacía a veces, también habitaciones, a otras religiosas de la comunidad.

Por lo general, los enterramientos de las canonesas, al igual que de los miembros de las órdenes religiosas, suelen ser anónimos, es decir, sin lapida, puesto que es un símbolo de humildad. Sin embargo, sí que encontramos en el monasterio dos lapidas de religiosos con nombre. La primera es la lauda sepulcral de  Aldonza de Reus. Esta fue una canonesa, priora del monasterio, y una de las mayores defensoras contra la clausura papal. Se encuentra en la sala capitular del monasterio, en una lápida sencilla, pero con la cruz patriarcal del Santo Sepulcro y una inscripción que lleva su nombre. Tradicionalmente fue allí donde el resto de canonesas prioras se enterraron durante varios siglos. La explicación exacta de por qué esta lapida se conserva no está clara, pero lo más probable es que se deba a la importancia de esta canonesa para la comunidad. Su enterramiento en un lugar privilegiado, en el que se reunían y tomaban decisiones, supondría un recuerdo constante del pasado y la historia de la comunidad.

Laudas sepulcrales de Aldonza de Reus y Martín de Alpartir

 

Junto a esta lapida, en la sala capitular se encuentra la de Fray Martín de Alpartir. Mucho más temprana que la de su vecina, la lápida de Fray Martín es un ejemplo de arte funerario gótico en el cual se representa al difunto con los atributos de su vida, como son los símbolos de la orden, así como una inscripción sobre el difunto. Como mecenas del monasterio dejo una gran cantidad de posesiones para el desarrollo de este, se realizasen misas en su honor, y encargo su lápida y un retablo, el retablo de la Resurrección que se encuentra hoy en día en el museo de Zaragoza.

En definitiva, con solo unos pocos aspectos queda claro que la relación de la sociedad con la muerte ha cambiado a lo largo de los siglos. Una relación que, al mismo tiempo, es tan antigua como la propia humanidad.

 

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