“Un lugar en común” 500 años de la fundación del convento franciscano de Híjar

“Un lugar en común” 500 años de la fundación del convento franciscano de Híjar

25 de mayo de 2024

La comunidad de canonesas hemos querido contribuir y participar en esta conmemoración del 500 aniversario de la fundación del convento franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles en Híjar. A petición del Centro de Estudios del Bajo Martín, hemos preparado una charla sobre este lugar tan emblemático para nuestra comunidad, para ello y representando a toda la comunidad, Vicente se desplazó a Híjar.

La jornada comenzó en la plaza de san Antón con la bienvenida y la visita a la magnífica sinagoga de Híjar.

Llegamos al convento de Nuestra Señora de los Ángeles por el camino que cruza el río, amenizado el trayecto a pie por los dulzaineros de Híjar.

Charlas en el convento:

«El antiguo convento del Santo sepulcro fundado en este lugar en el año 1300»:

Estamos aquí en este lugar tan especial para recordar su historia y la vida que ha transcurrido en este trozo de tierra y entre estos muros que todavía nos contemplan.

Me llamo Vicente Gómez Arbiol, soy miembro laico de la comunidad y responsable de la gestión patrimonial y cultural del Monasterio de Canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza. Como muchos de vosotros sabéis, desciendo de Híjar, ya que gran parte de mi familia paterna como materna son de aquí, de Híjar.

Precisamente fue el interés por la historia de Híjar el que me llevó hace muchos años hasta la puerta del monasterio de canonesas, yo contaba con unos 16 años de edad. Por aquel entonces, no hacía mucho que se había publicado el libro de M. Laborda «Recuerdos de Híjar I». En este libro se nombraba varias veces el monasterio del Santo Sepulcro, cosa que me creó mucha curiosidad, y un día decidí acercarme a su puerta y llamar, me abrieron las canonesas y desde entonces se creó un vínculo de amistad que se ha mantenido en estos más de 40 años.

Este lugar donde nos encontramos, las ruinas del convento franciscano, podemos decir que es el origen común de muchas historias.

-La iglesia de santa María de la Villa-Viella de Ixar

La conquista cristiana de Híjar se produciría en el siglo XII y en documentos se nombran a los señores de Ixar, D. Rodrigo de Estada y Doña Guillelmina allá por 1189. En esta época, los señores poseían la mitad de la población, mientras la otra mitad era propiedad de la Casa Real de Aragón.

Hay en el archivo del Pilar documentos del siglo XII (1181-90) donde se habla de la restauración y obras en el templo y claustro de santa María la Mayor, iglesia parroquial de Híjar. Teniendo en cuenta que la actual iglesia parroquial se comenzó a construir en 1318, ¿Donde podriamos situar este antiguo templo? ¿Sería el que luego llaman de Santa María de la Villa Viella? De momento no se sabe a ciencia cierta, solo podemos especular y esperar a futuras excavaciones arqueológicas. (Ver libro Recuerdos de Híjar I,de Mariano Laborda)

Como hemos dicho, hasta 1318 no se comienza la construcción de la actual iglesia parroquial en el nuevo emplazamiento, por lo que nos podemos preguntar ¿hasta ese momento en qué templo se celebraba la liturgia? Creo que es factible suponer que podría tratarse de la iglesia de santa María de la Villa Viella de Ixar. ¿Como podemos imaginarla?. Supongo sería un pequeño templo de trazas románicas o de planta rectangular, arcos diafragma y  cubierta con alfarje a dos aguas, similar a los restos de la cercana ermita de san Miguel y a la sinagoga que hemos visitado esta mañana. Ese primitivo templo estaría ubicado precisamente en este lugar, llamado los campillos.

Con el transcurrir del tiempo, llegamos a la época de una figura importante. Don Pedro Fernandez de Ixar. I Señor y Barón de Híjar.

Don Pedro era hijo natural de Jaime I el Conquistador y Doña Berenguela Alfonso (señora noble de Castilla). Narran las crónicas que el rey D. Jaime sentía grande amor, conviviendo con ella y para la que exigió respeto y honores de reina.

También el rey D. Jaime, según narran las crónicas, tenía predilección por su hijo Pedro Fernández y esté le mostró gran respeto y fidelidad. Pedro recibió una esmerada educación por parte de su madre.

Don Pedro fue caballero-guerrero, valiente e incondicional servidor del rey su padre. Fue Almirante de Aragón, en 1269 dirigió once galeras con seiscientos hombres de armas hacia Tierra Santa. Participó en la conquista de territorios del sur en las actuales provincias de Albacete y Murcia.

(Aquí podríamos hablar y mucho sobre el origen y propagación de la tradición de hacer ruido durante la Semana Santa y el toque de tambor. Si unimos la devoción y la necesidad por recuperar los Santos Lugares, en concreto el Santo Sepulcro de Jerusalén; las Órdenes Religioso-Militares, y el que se toque también el tambor en esos lugares del sureste de España donde señores y gentes del Bajo Aragón participaron en su conquista etc. pueden surgir hipótesis interesantes para encontrar el lejano origen de estas tradiciones).

Volvamos con D. Pedro. Su padre el rey D. Jaime I el Conquistador le concedió la Baronía de Híjar en 1268. Comenzando con él una de las Casas Nobles más importantes en Aragón y posteriormente en España.

Don Pedro caso dos veces, su primera mujer fue doña Teresa Gombal de Entenza con la que no tubo descendencia. Caso en segundas nupcias con doña Marquesa Gil de Rada.

Marquesa Gil de Rada, viuda del I Señor de Híjar y fundadora de las canonesas del Santo Sepulcro.

En el monasterio se conservan varios pergaminos de comienzos del siglo XIV, el testamento de Marquesa Gil de Rada, la Donación como freira a la orden, entre otros. También conservan las canonesas una imagen de la Virgen, llamada de la Pera. según tradición oral del propio monasterio, esta imagen era de la devoción de Marquesa, y es de suponer que estaría en Híjar antes de trasladarla a la nueva fundación en Zaragoza.

Tanto la fecha de fundación como la personalidad de la fundadora del monasterio de canonesas regulares del Santo Sepulcro de Zaragoza han sido erróneamente atribuidos a partir de la noticia proporcionada por Jerónimo Zurita en sus Anales de la Corona de Aragón, como se ha demostrado en base a la documentación del propio archivo conventual. Zurita hacía de doña Marquesa Gil de Rada hija ilegítima del rey Teobaldo II de Navarra y doña Marquesa Gil. En realidad, doña Marquesa sí era de origen navarro y de elevado nivel social, pero sus padres fueron Gil de Rada y Marquesa López, miembros de la nobleza del reino navarro.

La encontramos ya en Aragón casada con Pedro Fernández, señor de Híjar desde que Jaime I le concediera el título en 1268.

Y fue precisamente en la villa de su señorío donde doña Marquesa, al enviudar, quiso establecer un convento sepulcrista donde retirarse en 1300. Pedro Fernández murió en 1299 o en 1300, y el 13 de noviembre de ese año aparece su viuda haciendo donación al Sepulcro.

La Orden de Canonigos del Santo Sepulcro tiene su origen tras la conquista de Jerusalén en la primera cruzada en 1099, junto a ella se fundan dos órdenes más, la del Hospital y la del Temple. El testamento de Alfonso el Batallador, rey que muere en 1134 es la base para la presencia de estas órdenes en Aragón, ya que les deja el reino en herencia a falta de descendientes, pero esto es otro historia…

Volviendo a Híjar a principios del siglo XIV, Doña Marquesa Gil tras decidir fundar en su casa un monasterio al que retirarse, tiene que elegir a que Orden pertenecer, la elección se situaba entre dos de las Ordenes extranjeras de prestigio: La del Hospital de San Juan o la del Santo Sepulcro, puesto que el Temple, por su carácter esencialmente militar, carecía de espacios de encuadramiento femenino. Si escogió el Sepulcro seguramente hay un componente afectivo y devocional (recordemos que su padre era un caballero cruzado que murió en Trapani (Sicilia) en el transcurso de la VII Cruzada y como hemos visto antes, era viuda de un Almirante de Aragón que también participó en las cruzadas) también seguramente escogió la del Santo Sepulcro por su menor estructura, y de esta manera tener más margen de decisión y autonomía para ella y su comunidad.

Doña Marquesa era freira del Sepulcro desde 1300, según la donación de 13 de noviembre. Este documento en pergamino se conserva en el archivo del monasterio de canonesas.

DONACION de Marquesa Gil de Rada. 10 de noviembre de 1300 (adaptación)

Sepan todos cuantos esta carta vieran y oyeran que yo, Marquesa Gil de Rada, mujer que fui del noble Don Pedro Fernández, señor de Hijar, a quien Dios perdone, no engañada ni inducida por la fuerza, “” con voluntad y conocimiento, reconociendo que la vida en este mundo no es perdurable, y la gloria celestial es eterna, me ofrezco con mi cuerpo y mi alma al Sepulcro de Jerusalén de nuestro Señor Jesucristo. Así que yo, en todos los días de mi vida, sea freira y sierva de la dicha Orden del Sepulcro y vivamos siempre según la regla de dicha orden, en Santa María de la Villa Vieja, iglesia nuestra sita en el término de Hijar

Por ello ofrecemos a la dicha Orden, un olivar, tierras y casas que hay edificadas en dicha propiedad para el monasterio, situado en el termino de Hijar, lugar que se llama el Campiello, que limita con dos caminos públicos y con la iglesia de Santa María de la Villa Vieja.

También ofrecemos a la Orden del Sepulcro una viña y un olivar nuestro en el lugar llamado Campiello, También un campo en la Vega termino de Hijar.

Y yo, la dicha Doña Marquesa Gil, retengo para mí y para mis descendientes el patronato de dicho monasterio

Y nosotros, Pedro Fernández, señor de Hijar, hijo de los sobredichos Don Pedro Fernández y Doña Marquesa Gil de Rada, aprobamos y confirmamos el dicho ofrecimiento realizado por usted, madre, de todas las cosas, presente en esta carta, por ahora y siempre. Y por ello mandamos que esta carta sea sellada con nuestro sello pendiente de cera.

Esto fue realizado el cuarto idus de noviembre de año de la Era de mil CCCXXXVIII (10 de noviembre de 1300)

Es fácil suponer que se estaban produciendo reticencias por parte de Pedro Fernández de Híjar y Gil, hijo de doña Marquesa y segundo señor de la villa, con relación a la permanencia de la Orden en su señorío. Estos problemas se revelan más de doce años después, cuando en su testamento Pedro Fernández reconoce no haber satisfecho todavía los tres mil sueldos que debía pagar a su madre en 1303, razón por la que, en la hora de la muerte, establece un legado de cuatro mil para la construcción del sepulcro de doña Marquesa.

Los bienes situados en el término de Híjar pasaron al Sepulcro, pero ni siquiera sabemos el destino de la capellanía de Santa María, pues el documento testamentario sólo hace referencia a ella al hablar del capellán Bartolomé de Tolosana y al ordenar que “sia feita compra en mil sols jaqueses para la capellanía de la villa viella de Ixar en San Per o do mellyor trovaran”.

La muerte de Marquesa Gil se produce en 1304.

Pero antes había hecho testamento, documento muy interesante

 Testamento de marquesa Gil de Rada, realizado el 28 de Enero de 1304

Como todos los que estamos hechos de carne no podemos evitar la muerte por el pecado del primer hombre, sea manifiesto a todos los hombres que yo, Marquesa Gil de Rada, mujer que fui del noble Don Pedro Fernández, señor de Hijar y sierva de Dios y del Santo Sepulcro, yaciendo de grave enfermedad y temiendo las penas del infierno y anhelando la gloria del paraíso si así Dios nuestro señor lo desea, pero teniendo buena consciencia y buena memoria y en uso de la palabra, hago y ordeno este, mi último testamento de mis bienes, para que, si la voluntad de nuestro señor Dios , fuera que pasase de este mundo al otro, entre los míos no surgiera ninguna disputa.

En primer lugar elijo que mi sepultura sea en la iglesia de Santa María de la Villa vieja de Hijar con la condición de que la orden del Santo Sepulcro tenga sede allí. Si la orden no tuviera presencia allí quiero que mi cuerpo sea trasladado a mi capilla de Zaragoza, la que yo misma edifique en honor a Dios y a la orden del Santo Sepulcro.

También quiero y mando diez mil sueldos, mando que sean empleados en la realización de mi sepultura, bien y completa, y en vestir a cien pobres con lana, capas y sayas, y que esto sea cumplido en los nueve días siguientes a mi fallecimiento. Pasados los nueve días, que se dé a los cien pobres de comer y beber debidamente. Y que sean desechos mis errores e injusticias y pagadas mis deudas, tanto de las que hay documento como aquellas de palabra que se consideren legitimadas.

También lego a las mujeres de mi casa si quieren entrar a servicio de la Orden con las demás freiras que les des quinientos sueldos jaqueses y si no quisieran entrar den a cada una, cien sueldos jaqueses.

A Elvira Martínez, mujer de García López y criada mía, cien maravedís en ayuda para sus hijos. Lego a Urraca López, mujer de Aznar de Bolas doscientos sueldos jaqueses propiamente a ella para hacer sus propias voluntades.

A don Bartolomé de Tolosa cincuenta sueldos jaqueses y si la capellanía de Santa María de la villa vieja debe cantar un clérigo seglar en vez de un fraile, quiero y mando que cante el dicho don Bartolomé de Tolosana siempre que quiera a lo largo de su vida.

También lego a Don Jimeno de Tovia doscientos maravedís los cuales le ayuden el casamiento de su hija y quiero y mando que los reciba de los mil doscientos sueldos jaqueses que Don Pedro Fernández, hijo mío, me debe pagar de los dos últimos años por mi pensión.

Lego y mil sueldos jaqueses para un caballero que se haye defendiendo la Santa Tierra de Jerusalén y del Santo Sepulcro de mi Señor Jesucristo.

Y del dinero que quedara se compren propiedades en Zaragoza para la capilla que yo edifique. Y que si el prior que es, o fuere, no cumpliese con todo esto, pido a dios que mis hermanas no lo consientan.

Está claro que Marquesa Gil mira por el bienestar de las mujeres de su entorno y por asegurarse la pervivencia de la comunidad que acababa de fundar.

Otorga a las cuatro hermanas de la Orden, sus parientas Urraca y Marquesa, Teresa Gil y María López mil sueldos a cada una, establece para las seis mujeres de su casa que la acompañaban en su retiro un legado de novecientos sueldos “si quisieren fincar en poder de la Orden en las freiras” y entre cincuenta y cien en caso contrario.

La fundación canónica del monasterio tuvo lugar dos años después de la muerte de la fundadora, el 13 de mayo de 1306.

En esa fecha se personaron en la casa zaragozana el prior Bernardo, procurador general del Capítulo de Jerusalén y el canónigo prior de Aragón, y el prior de Castilla. Encontrándose el monasterio sin priora desde la muerte de doña Marquesa el prior Bernardo procedió, escrutados los votos de las sororas, a la investidura de Teresa Gil mediante la imposición del anillo con la cruz patriarcal de doble traviesa, advirtiendo además del derecho de visita y corrección que detentaba el prior de Aragón sobre la priora, dueñas y freire capellán del convento zaragozano.

Hasta aquí este pequeño retazo de historia vinculado a esta tierra y las gentes que la habitaron en otros tiempos. Este lugar y tras los acontecimientos brevemente relatados, continuó con una rica y larga historia, con muchas vicisitudes y con el protagonismo de innumerables vidas de tantas y tantas personas que han pasado por aquí, como hoy lo hacemos nosotros.

Damos las gracias a todos los investigadores e historiadores que han trabajado y profundizado en la historia de este lugar y de la Orden y comunidad de Canonesas del Santo Sepulcro. Muy especialmente a los autores de los últimos estudios como son Wifredo Rincón García, Fernando López Rajadel, Gloria López de la Plaza en los que nos hemos basado y documentado para trasmitir esta charla. Damos las gracias al actual archivero de la comunidad Manuel Gutiérrez Gutiérrez, que gracias a su labor permite que el archivo esté abierto y a disposición de investigadores que quieran seguir explorando nuestra historia.

Agradecemos enormemente la invitación a participar en esta hermosa jornada de recuerdo y también de reivindicación. Reivindicación de proteger y conservar un legado patrimonial de gran valor histórico y artístico que bajo ningún concepto se puede dejar perder.

 Agradezco las imágenes aereas de videos Josme de Híjar.

Y ante estas imponentes ruinas quiero terminar con esta frase de Miguel de Unamuno:

“Hasta una ruina puede ser una esperanza”

 

 

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