(Continuación)
Tercero: La atención plena o la concentración es otra de las grandes metas a conseguir en un mundo donde la dispersión es la característica básica, donde la distracción se ha asentado como la manera habitual de actuar el ser humano. Recuperar la atención es optar por tener plena conciencia de uno mismo y de todo lo que nos rodea.
Es preciso desarrollar una atención de alta calidad, desarrollarla aprovechando todo momento en la vida cotidiana para elevar el nivel de sensibilidad con respecto a esa atención y es preciso, también, que nuestra inteligencia, trabaje en adquirir mayor claridad mental. Estamos en un momento en el cual es preciso aprovechar al máximo la energía y no perderla inútilmente dejándonos arrastrar por la corriente emocional y agresiva de la sociedad en que vivimos.
Las normas concretas de la meditación sentada, son un Camino hacia este aprendizaje. También durante la vida cotidiana son importantes la conciencia de la respiración, la percepción del hara (el centro vital del ser humano), la vista fija y recogida, la atención en el momento presente, la postura correcta, el tono adecuado. Esos son, entre otros aspectos, los que favorecen esta atención correcta.
La meditación sentada es una práctica esencial en este proceso. El ejercicio diario de una sentada es como un vuelo sin obstáculos de la mente-corazón hacia su propio origen.
La oración de silencio, de quietud o meditación podríamos considerarla como la medicina que nos ayuda a recuperar los ritmos de nuestro verdadero Ser en la vida cotidiana. La meditación quema las malas acciones del pasado; es decir, aunque no seamos del todo conscientes, todo aquello que es sombra, rutina, dolor en nuestras vidas, se va purificando poco a poco en este crisol de la meditación.
Texto del libro «Zen una manera de vivir» de Berta Meneses.