Jornada de Oración y Ayuno por la Paz

14 agosto 2025
Con motivo de la Jornada de Oración y Ayuno por la Paz, propuesta por la UISG (Unión Internacional de Superioras Generales)
Declaración por la Paz: https://share.google/
Hoy 14 de agosto de 2025, el monasterio ha estado abierto para orar en silencio, con un corazón abierto, compasivo y solidario.
En un mundo desgarrado por la guerra y la deshumanización —Sudán, Ucrania, Myanmar, Siria, Haití, República Democrática del Congo y en tantos otros países heridos por conflictos visibles e invisibles, oramos especialmente por la paz en Gaza, Tierra Santa, cuna y madre de nuestra Orden.
Como mujeres que velan en la noche, seguimos creyendo que incluso en la hora más oscura puede brillar una luz: la luz del Evangelio, de la justicia y de la fraternidad.
Oración y Silencio
Durante la mañana de oración en el monasterio, se ha respirado un silencio profundo, intenso… casi estremecedor.
Las personas que se han ido acercando a lo largo de este tiempo de oración han podido permanecer en silencio y quietud ante la imagen de Cristo yacente, en el Sepulcro, o ante el sagrario en la capilla.
Escuchar el Silencio, Compartir el Dolor
Al final, hemos leído con calma y escuchado los sentimientos y oraciones que los asistentes a esta jornada han expresado por escrito, junto con aquellos que ya se compartieron en un encuentro anterior.
A continuación, transcribimos de forma anónima las notas que, con total libertad, han escrito quienes se acercaron a orar por la paz.
«Que nuestro clamor se oiga en todo el mundo y termine de una vez este genocidio salvaje que se está cometiendo en Palestina. No entiendo nada. Estoy triste.»
«Impotencia. Creo firmemente en el poder de la oración, pero el desgarro hace dudar.»
«Deseo que los karmas de los agredidos sanen lo antes posible, y también los de los agresores. Gracias a esta comunidad por favorecer el encuentro.»
«Dolor, masacre, genocidio.» «Crueldad y dolor.» «Desgarro, invivible.»
«Inhumano; vergüenza, impotencia.» «¡Parar ya!» «Barbarie, tristeza profunda.» «Matanza.»
«Oscuridad y esperanza.» «Dignidad, humanidad, ¡Paz!»
«Compungidos por el dolor, anhelamos en esperanza que surja el amor entre los pueblos.»
«Que la tristeza se transforme en esperanza y la violencia en justicia.»
«Que aumente nuestro Padre Celestial la fe en todos los corazones afligidos.»
«¿Cómo acompañar en la desolación? La paz siempre será un futuro. ¿Cuándo, presente?»
«Mi plegaria se eleva con esperanza, aunque llena de dolor por tanto sufrimiento. ¡Que pare ya!»
Este espacio de oración ha sido, no solo de contemplación, sino de comunión con el dolor del mundo. Las palabras aquí recogidas nos recuerdan que la oración, el silencio y la esperanza siguen siendo herramientas de resistencia ante la violencia y el sufrimiento. También hemos compartido nuestro deseo y anhelo de paz, con palestinos que viven en nuestra ciudad.
Invoquemos al Dios de la paz, para que podamos ser instrumentos de su amor, y confiamos este camino a la intercesión de María, nuestra Madre de la esperanza.
Oramos para que cada pueblo pueda reencontrar la esperanza, la justicia y el don de la reconciliación, en comunión con tantas personas en el mundo que desean la paz.
Oración a María, Madre de la Paz
María, Madre y Reina de la Paz, te encomendamos a los pueblos heridos por la guerra, a los que sufren el odio, la violencia y la división. Enséñanos a acompañar, orar y actuar con amor, justicia y perdón. Te pedimos por las víctimas de los conflictos, por los migrantes, los que temen, los que odian y los que han perdido la esperanza. Que nuestro ayuno sea solidaridad, nuestra oración acción y nuestro silencio una voz para los sin voz. Intercede por nosotros, para que la luz del Evangelio ilumine al mundo. Amén.









