
En el proceso de liberación que supone la experiencia de la meditación, de la atención plena, del Zen, se da un nivel profundo de comprensión, es decir, una nueva conciencia que aviva la compasión y permite comprender el mundo subjetivo del otro sin perturbarlo en nada.
Es un saber ver al otro sin pedir que el otro se convierta en uno mismo. Con compasión podemos ver a través de los ojos del otro y sentir su corazón, sin ningún propósito oculto.
La gran compasión se alcanza por medio de la identificación de uno mismo con todo el cosmos. Se alcanza gracias a la experiencia de Unidad. Nos hacemos uno con todos los seres. Eso implica no tener ninguna postura personal que defender.
Texto del libro «Zen una manera de vivir» de Berta Meneses.