
Oh Dios de esperanza y Señor del futuro: Por medio de los santos nos inspiras hoy con nuevas esperanzas en el futuro del mundo y de la gente. Que nos percatemos, Señor, de que, con tu fuerza, hasta nuestros sueños más atrevidos pueden hacerse realidad, e incluso pueden ser superados: que la justicia, la paz y el amor sean valores por los que valga la pena vivir y morir, y que, un día, tú corones tu propio trabajo en nosotros, por Jesucristo nuestro Señor.