
El Apóstol San Pablo dice a los tesalonicenses en su primera carta “hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza”.
Señor, hoy ofrecemos nuestra oración por todas las personas que nos han precedido, conocidos y desconocidos, y que ya terminaron su peregrinación por esta vida. Conscientes de que a quienes la certeza de morir nos entristece, también nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Porque para los que creemos en ti, la vida no termina, sino que se transforma, y al deshacerse esta morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.