
Seguimos en Pascua caminando el Resucitado. En Él la corrupción se convierte en floración, la dispersión en unificación, el vacío en plenitud, la nada en creación, la soledad en comunión, la muerte, en definitiva, en principio de la nueva vida. Reconocemos que alcanzar ese horizonte es complicado, el Espíritu actúa en nosotros para alcanzar esa transformación. Así lo pediremos en esta Eucaristía.