(Continuación)
La segunda de ellas es el ritmo respiratorio.
La respiración es el aliento de la vida, la vida del espíritu. Este aliento que marca nuestra vida es en sí mismo energía de transformación.
La conciencia de este aliento, de esta respiración, nos abre las puertas de la percepción y nos libera no solo de toxinas corporales sino también de toxinas espirituales. Una inspiración y una expiración consciente y bien realizada nos proveen de una actitud mental correcta.
La terdera es el recogimiento.
El recogimiento hacia uno mismo. es decir, la liberación de los sentidos de sus objetos, liberación de los ojos, oídos, tacto, gusto, olfato y pensamientos de todo aquello que los ata. No quiere decir dejar de oír, ver, pensar, sino de no apegarse a nada y permitir que las preocupaciones, sentimientos, pensamientos, entren y salgan sin crear distorsión alguna, para lo cual es necesario dedicarse al menos unos momentos diariamente a silenciar estos sentidos, a llevarlos hasta la morada interior, hasta el centro de uno mismo. Como dice la Madre Teresa: «en el silencio del corazón habla Dios».
Texto del libro «Zen una manera de vivir» de Berta Meneses.