Recuerdo de la Vida Común, cada19 de Enero

20 de febrero 2025
En el mes de febrero se celebra un Congreso de Vocaciones organizado por el Servicio de Pastoral Vocacional de la Conferencia Episcopal. En esta crónica queremos contar como recordamos hoy a nuestras hermanas que vivieron la misma vocación que nosotras vivimos hoy.
Hemos celebrado el “Día de la Vida Común”. Todos los 19 de enero recordamos una reforma vivida en la comunidad en el año 1880. A lo largo de los siglos, de forma continua y vital hay reformas, cambios, desafíos, riesgos, ilusiones y temores; pero siempre, sabiendo de la necesidad de esos cambios que son sin duda para volver a la Fuente, al verdadero espíritu de lo que se vive.
Como Canonesas, vivimos la Regla de San Agustín y así encontramos en el comienzo:
En primer lugar ya que por esto os habéis congregado en Comunidad, habitad en la casa unánimes y tened una sola alma y un solo corazón hacia Dios.
Y no consideréis nada propio, sino que todo lo tengáis en común y se distribuya a cada una según lo que necesitara.
El 19 de enero de cada año desde entonces siempre leemos lo que nuestras hermanas cuentan en el Libro de Gestis. Un cambio en el estilo de vida para vivir la vida religiosa adaptada al siglo XIX.
Día 6 de Enero de 1880 el excelentísimo Ilustrísimo Señor Cardenal Arzobispo de esta diócesis Don Manuel García Gil, deseoso de la mayor perfección posible de esta comunidad, comino a su vicesecretario el Muy Ilustrísimo Señor Don Vicente Peña para que en su nombre propusiera a la misma la vida común perfecta sin la cual no puede alcanzarse toda la perfección espiritual que deben tener las religiosas.
El expresado comisionado propuso la vida común perfecta a todas las religiosas reunidas en el locutorio y habiendo aceptado todas por unanimidad Doña Felipa Labarrera Priora, Doña Juana Burillo, Doña Ana María Moreno, Doña Francisca Urzay, Doña Margarita López, Doña Francisca Rubio, Doña Teresa Enfedaque, Doña Dolores Labuena, Doña Isabel Buisan, Doña Joaquina Cortes, Doña Eugenia Ondibida, Doña María Francisca, Doña Catalina Val, Doña Antonia Guin, y habiendo sido aprobada y bendecida esta laudable determinación por su excelencia el cardenal arzobispo se acordó el día 6 de enero de 1880 por las religiosas y por dicho señor comisionado que la vida común perfecta de esta comunidad principiara como en efecto principió con grande contento y alegría de todas las religiosas el día 19 del expresado mes y año bajo la protección del glorioso patriarca San José por ser día consagrado a su culto
Se acordó también que además de los sufragios y funeral que señalan las constituciones se celebrase por cada religiosa que falleciera las misas llamadas de San Gregorio y se encargó a todas las religiosas que no rechazasen nada de lo que les diesen su familias, parientes, amigos y bienhechores, sino que lo recibiesen todo con la previa licencia de la superiora y se lo entregases a la misma para la comunidad o para lo que tuviere a bien disponer y que cada una se contentase con lo que le diese la comunidad sin queja ni señal de resentimiento ni descontento esperando que esta conformidad la premiase Dios Nuestro Señor con buena salud en esta vida y con la salvación del alma en la vida futura
Siempre nos emociona al leer distintos documentos o recuerdos constatar el nombre de las hermanas que nos precedieron. Desde el origen fueron viviendo reformas y cambios. Tanto en la organización de su vida como en la casa. Sabemos del coro bajo, coro alto, iglesia, capillas. También los comedores o refectorios, sabemos de cinco; el dormitorio, común o individual. Nos sentimos eslabones de la historia de este monasterio, de la vida que se nos ha ido dando y ofreciendo. Somos eslabones, una generación tras otra, el legado de unas para otras, los cambios, las mejoras, vida continuada.
En este día de recuerdo, en el claustro en silencio, como tantas y tantas veces pasaron las distintas generaciones, bendecimos el cementerio de la comunidad y agradecemos la vida de nuestras hermanas que nos han precedido.
En el coro de la iglesia de san Nicolás recordamos el Concilio Vaticano II que fue otro momento clave en la Iglesia. Se recuperó una liturgia más viva, compartida, en lengua vernácula. Se habló incansablemente de “volver a las fuentes” y nuestra comunidad hizo un gran esfuerzo. Se dejó la clausura papal mantenida desde el Concilio de Trento, se adaptó una parte del monasterio para acoger a personas que quisieran compartir la espiritualidad y la vida, comenzó una formación teológica y litúrgica. Ciertamente una gran reforma.
En 1975 se constituye la Asociación de Canonesas del Santo Sepulcro, constituida por las diferentes comunidades de Bélgica, Holanda, Inglaterra, Brasil, Congo y España. El sentido de comunidad se amplía. Se aprueban Constituciones comunes y se establecen los Capítulos Generales cada 6 años con objeto de reflexionar sobre nuestra vida, y discernir los cambios necesarios para ir respondiendo a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestros hermanos en cada momento.
Todos experimentamos cambios en nuestra vida, externos e internos. Somos sociedad en cambio constante y acelerado. Que todo cambio nos lleve a una mayor interioridad, a una más fuerte cimentación en el amor, a una más profunda búsqueda de lo que el Señor quiere y sueña para cada uno de nosotros.









