
Creer en la resurrección no es fruto de un deseo, ni es un sueño ni una añoranza. Creer en la resurrección es fruto del encuentro con Cristo, con su persona, sus causas, su mensaje. Creer en el resucitado es poder decir: “¡Vida mía!”, “¡Vida nuestra!”,“¡Cristo, nuestra Pascua!”